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HISTORIAEn el año 2001 recibimos en comodato una propiedad, atrapada en uno de los lugares más violentos e inseguros de Medellín, el corregimiento de Altavista. Dios puso en nuestros corazones iniciar una obra asistencial a la comunidad, conformada mayormente por una población desplazada y altamente vulnerable a la violencia. La casa tuvo que ser reconstruida prácticamente en su totalidad, así que el matrimonio Miguel y María Matas junto a sus 6 hijos y un grupo de jóvenes voluntarios se pusieron manos a la obra. Los recursos económicos, los materiales, las herramientas utilizadas y los demás elementos usados en la construcción de La Casita de Corazones, fueron donados por personas que manifestaron una gran medida de amor al hacerlo. Desde el principio, cuando aún no se había completado la construcción de la Casita de Corazones, una treintena de pequeñines ya eran parte del paisaje y recibían sus primeras clases en sillas y pupitres hechos con planchas de maderas y ladrillos apilados. Meses más tarde fueron llegando los pupitres y otros muebles que acogerían a los 160 niños y jóvenes que actualmente asisten a nuestros programas de formación. En el año 2003 la situación social del lugar aún era crítica, al punto que resultaba peligroso sacar a los niños de la propiedad durante los recreos. El terreno trasero de la casa consistía en una agreste pendiente de unos 400 metros cuadrados, inapropiada para la seguridad de los pequeños. Con la ayuda de personas comprometidas se organizó un desfile de modas con el propósito de recaudar fondos y así se logró convertir el terreno en un hermoso parque infantil. También en este año vimos la necesidad de organizar actividades para las mamás de los niños que asistían a la Casita de Corazones, muchas de ellas cabeza de hogar y desplazadas por la violencia de sus pueblos de origen. Muchas de estas mujeres sufrían una problemática social y personal muy difícil, como la falta de autoestima, dificultades en su integración social y su difícil situación económica. Empezamos dictando unos talleres de plastilina para crear un espacio de socialización que nos permitiese penetrar más en su mundo. El éxito superó todas las expectativas. Los talleres se ampliaron a otras disciplinas artesanales y con el pasar de los años se empezó a vender su producción artesanal. Asistieron a diversas ferias artesanales y eventualmente se llegó a formar la Precooperativa Artesanal de la Casita de Corazones. La fundación ofrece el programa de Formación en Valores y más de 600 niños han pasado por la Casita de Corazones en sus primeros 10 años. Muchos de ellos siguen su proceso de formación con nosotros. Para fortalecer este programa, en los años 2003 y 2004 la Casita formó un equipo de fútbol que participó en el torneo oficial de la categoría “pony”. Con un entrenador de waterpolo, a base de buena puntería y a punta de oración fuimos la revelación del campeonato al quedar subcampeones cada año. En esta etapa tuvimos el honor de conocer a Francisco Maturana, que dio varias charlas a los chicos, y no tanto sobre fútbol sino de ética personal, valores e integridad. La Casita cumple la misión de recoger, acopiar y distribuir ropa, alimentos y otros artículos donados que satisfacen necesidades básicas de los niños y sus familias. Los alimentos que la Fundación recibe y distribuye se utilizan para preparar comidas comunitarias en días especiales y para complementar la alimentación de los niños que asisten a la Casita de Corazones, pero mayormente se entregan directamente a las familias más necesitadas de la comunidad. En un esfuerzo para incluir a la comunidad del corregimiento de Altavista en la vida cívica, la Fundación ha procurado su participación en convocatorias a la ciudadanía de índole comunitario y de una finalidad social, tales como las marchas pro-vida o a favor de la Paz y la no violencia que en años pasados se han venido organizando en Medellín. Cuando el comodato que nos daba uso de la propiedad llegó a su término, la Fundación tuvo que enfrentar el reto de adquirir la propiedad para poder continuar su obra asistencial y responder al compromiso adquirido con la comunidad. A base de rifas, un banquete y la generosidad de muchas personas la Casita de Corazones pasó a ser de nuestra propiedad lo que nos permite estar mejor preparados para crecer y afrontar el desafío de seguir creciendo y responder a las necesidades siempre crecientes de la comunidad. Agradecemos de nuevo a todos los que han sido parte de este milagro. Sabemos que sin la participación de todos ustedes no hubiera sido posible. ¡Muchas gracias! |
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El amor que mostramos en Navidad constituye una buena práctica para lo que deberíamos hacer todo el año
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